sábado, 18 de febrero de 2017

Leyendo No oyes ladrar los perros


En una tarde lluviosa me puse a leer este cuento maravilloso del libro Llano en llamas. No me canso de releer esta historia de sacrificio.

Mi parte favorita del cuento:
-Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos.
En esta lectura me queda claro que lo que hacemos como padres por nuestros hijos no tiene limites. Aunque nuestros hijos sean malas personas, el cariño que sentimos por ellos no desaparecerá. En la lectura el padre le dice a su hijo, que lo ayuda no por él, si no por su difunta madre. Creo que en el fondo si lo hace por su hijo y lo seguiría haciendo. Así es el amor de padres, es algo instintivo.



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